EL
ASESINO DE NOTRE DAME
Autor : Lenin
Solano Ambía
Editorial : Ediciones
Altazor
Páginas
: 189
páginas
Año : 2016. Lima - Perú
París
vuelve a ser escenario de una de las narraciones de misterio y policíaca de
Lenin Solano Ambía, Su estilo ligero y dinámico se hace ya una característica
de sus narraciones, sin dejar de describirnos casi al detalle el ambiente en el
que se desarrollan los hechos, tal vez porque gran parte de su público cautivo
está lejos de esta ciudad, sin embargo, los que lo seguimos ya nos sentimos
familiarizados con el Cementerio Pére Lachaise y la catedral de Notre Dame,
entre otros ambientes parisinos.
La
buena documentación informativa con que detalla su novela, nos recrea hermosos
escenarios de grandes autores como Víctor Hugo en su tan genial obra “Nuestra
señora de París” o conocida también como “El jorobado de Notre Dame”. Ya lo
había logrado con Pere Lachaise, pero esta vez se lució, dando incluso detalles
del campanario y las gárgolas de la catedral parisina... Me parece estar
escuchando las aguas del río Sena o las campañas de la Catedral de Notre Dame.
Se cumple lo que diría Sartre: “No
se es escritor por haber elegido decir ciertas cosas, sino por la forma en que
se digan”.
Si
Arthur Conan Doyle destacó a Sherlock
Holmes; Agatha Christi
a Hercule Poirot y Alan Poe a Auguste Dupin, nuestro ya no tan novel
escritor resalta la figura del investigador Leopoldo Chacaliasa; y
aunque en esta entrega nos presenta las figuras del oficial Paul Godefroy y su fiel
ayudante desvignes, del oficial Dominique de Monval; estos no llegan a tener el protagonismo del
legendario Leopoldo Chacaliasa y su dilecto y leal ayudante Martínez, que en esta narración de
Notre Dame, pugnarán por seguir con las investigaciones de tan misteriosos
asesinatos.
París totalmente consternado, dos policías en
aprietos, dos investigadores fuera de juego en su propio oficio, un asesino o varios asesinos
sueltos y una serie de asesinatos
acaecidos dentro del principal recinto religioso católico de la Ciudad del Amor,
son algunas de las circunstancias que envuelven la trama de esta interesante
novela. Se detallan las muertes y se describe el estado de los cadáveres
encontrados: sangre, violencia y misterio se mezclan por doquier. Estas
características propias de la novela negra, hacen que parezca que la resolución
del misterio no es algo principal cuanti mas el narrar los hechos al detalle y
perderse en conjeturas que no sabemos si alejan o cercan a la resolución de tan
mortal misterio.
La misma policía parisina se complica la
investigación y cae en ciertas contradicciones que juegan a favor, aunque
momentáneamente, del personaje principal y su novel ayudante. Les da tiempo
para seguir en forma independiente y personal con sus averiguaciones, rompiendo
todo esquema policíaco formal y desacatando toda orden superior, se colocarán
en una complicada situación difícil o casi imposible de desenmarañar.
La fina pluma y el eficiente lenguaje, a los
que Lenin nos tiene acostumbrados, nos envuelven en cada paso que da la
investigación de la policía de la Ciudad Luz; aunque como es menester en estos
casos se regodea en “el ya sí, pero todavía no”. ¿Será acaso como el escaton cristiano? Ese que prodiga que
ya viene Cristo pero aún hay que esperarlo hasta que se digne volver por
segunda vez; esa es la sensación que le da al lector que de pronto ya se llega
a resolver el misterio, pero casi al mismo tiempo cae en cuenta que aún está
lejos de llegar a un final certero. Así van pasando las páginas que describen
cómo se llega a complicar la situación de nuestro ya conocido personaje
principal y su incondicional asistente.
Como no quiero ser un spoiler, los invito a
leer, pero más que a leer a disfrutar, esta segunda entrega de la ya formada
saga o trilogía Chacaliasa, como me he tomado la ligereza de denominarla, donde
estoy seguro que el misterio y cada indicio policíaco nos hará vivir desde
dentro este enigma de muertes espeluznantes y llenas de entresijos sin
resolver, por ahora, pero que prometen en una próxima entrega, no muy lejana,
quedar totalmente en evidencia.
No me queda más que terminar con la palabras de
Ernesto Sábato, este grande de la
literatura argentina y Latinoamericana cuando expresa lo siguiente: “Un buen escritor expresa grandes cosas con pequeñas palabras; a la
inversa del mal escritor, que dice cosas insignificantes con palabras
grandiosas”, y es precisamente lo que Lenin ha logrado, narrarnos en palabras
sencillas y lenguaje ameno la grandeza de la narrativa policíaca y de misterio
acaecidas en su hoy morada cotidiana: París.
Mi estimado, con esos colores de letras es imposible leer. Me recuerda a las barras bravas de los estadios que buscan cegar a los futbolistas apuntándoles el láser a los ojos a los futbolistas.
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