CARTA A UNA MUJER AUSENTE
AUTOR
: LENIN SOLANO AMBÍA
ESTRUCTURA : 10
CUENTOS. 143 PÁGINAS
EDITORIAL : QILQANA
AÑO
DE EDICIÓN : 2017 2DA. EDICIÓN
Como
bien decía el amigo, el Flaco, el Mudo, y no es el alcalde Castañeda por si
acaso, me refiero al maestro Julio Ramón Ribeyro “Cada escritor tiene la cara de su obra”. Nunca mejor puesta esta
frase que resume la obra de Lenin “Carta
a una mujer ausente”, obra publicada en su primera edición en el año 2008
con la editorial Arteidea, ahora
reeditada con Qilqana. En ella se ve una cara de un escritor joven,
novel, haciendo sus primeros pininos; su afán por descubrir o descubrirse con
un estilo propio y con una narrativa que abandonaría por un largo tiempo, en
las publicaciones me refiero, pues tuvimos que esperar hasta el 2015 para leer
nuevamente sus cuentos en “Lágrimas de niños”.
Carta a una mujer ausente
marca el inicio de Lenin Solano Ambía como escritor, hoy ya cuajado es su
oficio, con siete publicaciones, una mejor que la otra y hasta participa en la
Feria Internacional del Libro, con premios ganados en el Perú y el extranjero,
bueno espero que me pagues por el cherry…
Pero,
centrémonos en la obra. Una colección de cuentos urbanos, de allí que recurra a
Ribeyro para comentarlos y entenderlos, con una visión algo fresca en su
momento, aunque ahora algunas cosas necesitarían de traducción, ya los más
jóvenes no entienden qué es un tocadiscos, qué es una quinta (quedan pocas por
cierto), la grabadora que apretábamos el play
para grabar el casete y otros detalles
que me hicieron recordar a los literatos de los 50, dicen que los nuevos
escritores suelen copiar detalles de aquellos literatos que han leído y de los
cuales han aprendido cierto estilo narrativo, al parecer esta obra lo confirma.
Aunque no es una copia de estilo, sí se nota la influencia de la narrativa de
los 50 y unas pinceladas del Boom latinoamericano, influencia que quizá la noto
más adelante en obras posteriores.
El
cuento epónimo de la obra, un monólogo, una cuasi confesión, en un ambiente
solitario y en la soledad de un personaje, que lejos de deprimir, causa una
sensación de nostalgia y desconsuelo que provoca por un momento decirle que
cuente con nosotros para transcribir lo que ha dejado grabado mientras sostiene
entre sus manos el peluche de oso que le han regalado, no sabe cuándo, y el
viento le toca la espalda. El personaje principal, que se define a sí mismo
como un problema, recuerda haber leído a Ribeyro y su cuento La molicie, y esto le sirve como marco
general de su narración, como decía, que puede causar depresión y angustia,
pues el personaje no sabe cómo llegará el mensaje y si llegará a la persona a
la que él lo dirige. Una historia que por su ambiente, que se va tornando
tétrico, nos envuelve en el misterio de cómo acabará, un final algo avisado,
pero que constituye parte de lo novel de nuestra ya cuajada pluma nacional.
El
cuento inicial, Soñando en el aire,
nos narra la historia de un jovencito de aquellos que aún vemos en los
arrabales de nuestra gran capital, lleno de ilusiones, de aspiraciones y que se
proyecta a un futuro no muy lejano, el cual todavía no ha vivido, ni tiene la
certeza si vivirá, pero que el mozuelo ya alucina estar pasando todo lo que se
imagina que podría hacer con un poco de dinero y un trabajo estable que está a
punto de conseguir. La narración se centra en las peripecias que sufre un joven
de barrio marginal para no caer en las garras de los vicios y de la mala vida,
en los que sí han caído los amigos de su entorno. Por eso, se propone buscar un
buen empleo y, con lo que gane, salir adelante y progresar (Quién no ha soñado
con eso). Otro arcaísmo resurge en la historia, cuando compra El Comercio y lee la sección de los Clasificados (hoy entraría al internet y
buscaría en Computrabajo o Laborum.com o la Bolsa de trabajo del Ministerio de Trabajo), y el joven busca
empleo y parece encontrar el adecuado para él y sus pretensiones de salir del
barrio de La Victoria, donde vivía, y forjar un destino fuera del robo, los
fumones y el licor que se reflejan en los personajes de sus amigos. Se levanta
temprano, se coloca el traje que le han prestado para la ocasión, se va unas
horas antes para ser el primero, toma el carro lleno de olores desagradables,
pero no tenía para más, ni pensar en taxi, solo había para pasajito de ómnibus
ida y vuelta, y más si pensamos que a esa hora todos o casi todos son
comerciantes que van a la extinta Parada,
el mercado clausurado por la Gestión de la alcaldesa Villarán. Llega y su
primera decepción es que ya encuentra una cola de postulantes igual que él,
hubiese querido llegar más temprano, pero se conforma con que haya logrado
entrar a la entrevista de trabajo. Se había preparado muy bien para cada paso
de la selección que le tocaría sortear. Sabía qué responder en los test que
tomaban, sabía qué dibujar y cómo hacerlo, iba fijándose en los demás y
descartando él mismo a sus ocasionales contrincantes, calculó todo muy bien y…
cómo no soy spoiler mejor lee la obra
y verás qué final tiene esta historia.
Lenin
Solano ha rememorado en esta obra a Ribeyro, no solo por cuestión de estilos,
ni porque escribe cuentos, sino porque se hace instrumento para dar voz a esos seres
humanos que no tiene voz, a personajes de a pie, a personas cuya vida pasa
inadvertida y cuyas historias encuentran en su pluma un instrumento para
hacerles gritar a viva voz sus ilusiones, sus encantos y desencantos, sus
problemas y también sus alegrías, sus avatares y sus dichas. El cabo de Buena Esperanza, Una aventura asmática, La voz en el círculo, y otras historias
más forman parte de este libro que atrapa, como es de costumbre, de principio a
fin. Y como es de costumbre con el autor, con un aporte de realismo que hace
que la historia que se cuenta tenga, en su mayoría de veces, un giro
inesperado, el mismo giro que nos da la vida y que nos hace aterrizar de
nuestra nube y situarnos nuevamente en nuestra realidad.
Termino
esta breve disertación con otra frase de Ribeyro “Pienso a menudo que así como la literatura de algún autor es la hechura
de su propia vida, así también la vida de un autor es lo que uno escribe”,
Esta obra es ya parte de la vida de Lenin, es la ilusión de su primera vez, la
nostalgia de su primer hijo que ya casi es un adolescente, es la obra que como
reto vio la luz de su nacimiento, tal vez de una apuesta que no sabremos si
pagó o no (la anécdota la contará él después). Pero Ribeyro tenía razón, La
literatura de un autor es la hechura de su propia vida, esa vida que a Lenin le
ha llevado hoy a vivir en París, a producir mucha literatura, aunque solo
conozcamos siete publicaciones, pero sobre todo le ha llevado a tener este
público cautivo de su literatura y de sus historias que nos hacen parte de su
vida y de los nuevos lectores que vendrán y se maravillarán de su estilo y de
su generosidad al escribir, pues como decía el Maestro “En cada lector , el
escritor renace.”
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